La lista puede ser interminable, llena de barbaridades e incluso llegar a ser fantástica, pero creo que nadie debería dejar de tener una lista de las cosas que le gustaría hacer antes de cumplir los treinta. La mía, estimado lector, se compondrá de aquello que voy llevando a cabo y merece tener una historia que contar. Además, podré llenarla de esas cosas que tal vez no me pasen nunca, de las que me arrepienta, de las que me enorgullezca, de las que jamás olvide, de las que simplemente siempre quise hacer y quizás otras que no. Claro, debo admitir desde ya, que no siempre serán cosas mías, y sólo eventualmente se ajustarán a la realidad.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Besar a una estrella de rock...

Demasiado soberbio qué parece increíble?

Belive it or not, como le contesté a mis amigos, y que se me perdonen todos los sacrilegios musicales que para algunos estoy cometiendo al entonar las siguientes muy sonoras palabras: "Envidia! Envidia! Me tienen envidia, me tienen envidia...!" #okno

Coincidimos en un antro miraflorino, ex sargento pimienta (mi karma rockandrollero), la estrella de rock blussera y yo. En una noche de parejas, de esas primeras salidas incómodas en las que eres arrastrada por tu novio porque su nuevo amigo extranjero (mentira, pero vivió largo tiempo por allá) quiere salir, pero como no sale sin su novia también tienes que ir para conocer a tu nueva mejor BFF. Gracias gordito por la cita a ciegas, me las pagarás infeliz. Y lo hizo, en efecto, esa noche no sólo obtuve un beso rockandblusero (sí, a él más que a nadie le gusto #porfavornomedejes) sino mi libro favorito de cuentos sobre la creación del mundo, el Popol Vuh. 

En fin, creería que la situación empeoraría cuando caí en cuenta que las parejas nos llevábamos diez años de diferencia, pero fue todo lo contrario, de las mejores salidas en pareja que he tenido ha sido con estos tíos, y de la puta madre.

Nada mejor que empezar en una librería, pero como en una conversación, cada loco con su tema. En definitiva, nadie tenía mejor química que esos dos sujetos que eran nuestros novios, y por ende, la colocha y  yo hicimos click (sí, como Tula), como todas, rajando de sus novios primero, y luego intercambiando bibliografía. Como buena antropóloga y politóloga tenía mucho que compartir, pero sobre todo, su muy interesante vida entre cervezas y un juego de Jenga.

A medida que la noche avanzaba, y la cerveza disminuía y el plan zanahoria nos obligaba la retirada, el buen amigo de mi novio, al fin manteniendo una conversación de cuatro que no tenía que ver con su famoso tío ni más AED por el momento, decidió que debíamos encaminarnos al bar que tanto su novia como él conocieron recientemente y ya habían hecho favorito. Además, allí no habría problema para "estacionar" toda la noche.

Las fotografías, la barwoman, el bar, las mesas, las cervezas, la guitarra, la voz, todo en dos pisos de una casucha, fue perfecto, justo allí, entre el calor de una conversación alegre casi gitana, las risas, el swing del blues, la voz, la inconfundible voz. Allí estaba, improvisando el gran Motta, flacuchendo y con desgreñada larga pelambrera, como me gustan, dijo mi gordito y bien afeitado novio (y esta vez no bromeo). De repente, ya nos teníamos que ir, y yo hablándole a la colocha de lo que había significado su música en mi época escolar (bueno, no tanto). Ni modo, los hombres ya avanzaban con la cuenta bajando las escaleras cuando la colocha ya había sacado mi libro de su bolso y con un lápiz de ojos adentro, me los puso en la mano y dijo "No bajes, yo los retraso." Y allí, siendo la única en la mesa justo frente al escenario, entre tanto pelucón que no se distinguían a las flacas, me decidí a avanzar hasta él y pedirle su autógrafo. 

No conseguí el autógrafo. De hecho, creo que ni siquiera llegué a pedirlo. Sólo supe que había dado demasiados pasos, que olía "raro", que no podía pronunciar palabra y un rostro fantasmal acababa de salir entre mis ojos. Un paso atrás, y él sin dejar de tocar, yo sin autógrafo y la colocha de una brazo, que nos vamos dijo, no sentiste el teléfono? Y el autógrafo? Para cuándo le dije que me habían dado el beso menos húmedo y más etílico de mi vida, estábamos en la puerta con nuestros novios mirándonos extrañados, por qué demoraron tanto? Ya te lo dieron?

Feliz. No fue un Mick Jagger ni un Pete Doherty, pero no es muy probable que sea besada por otro rockandrollero. Por cierto, antes de salir, la barwoman me informó bien sobre las temporadas de los rockeros nacionales que suelen improvisar de cuando en vez. Regresaré, ojalá tenga segunda parte, o finalmente consiga ese autógrafo.

Y sonaba...
Catfish Blues

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